martes, 14 de mayo de 2019

Antología del asombro.




Capítulo I

Derrota Ancestral.

          1-Sonido de caracoles

Hondo sonido de caracoles
donde naufraga el mar

2-Humareda de sal

3-Densa humareda de sal
la noche

3-Tatuaje de mariposas

La luna dejó un tatuaje de mariposas efímeras
en la piel amanecida del otoño

4-Derrota Ancestral

Un centauro llora desconsolado
en el tronco del árbol de la vida
su derrota ancestral de no ser

5-Árbol de lágrimas

En los límites de la sangre
un árbol de lágrimas crece
bajo su sombra la muerte y el luto
juegan una partida interminable de ajedrez

6-Una gota de sombra

Una gota de sombra en la distancia
es la tarde

7-Pájaros de oro

Esta tarde de invierno
pájaros de oro migran
hacia los oscuros rincones del agua

8-Rayo de eternidad

Un ángel herido por un rayo de eternidad
solloza en brazos de la quimera

9-Árbol de pájaros azules

Árbol de pájaros azules
atrapados en los recintos de las sombras
tres ruiseñores de sal
estampan en las paredes del olvido
tu nombre

10-Atardece

Atardece
mayo agoniza
llovizna
Los flamboyanes sueñan

11-Tibias palomas

Son tus senos
dos tibias palomas que anidan en mis labios

12-Espejo de agua

Es un espejo donde el viento se mira y rejuvenece
la distancia

13-Ausencia

Un pájaro herido de distancia
el horizonte

14-Surcos de agua

Ebria de soledad y ausencia
hace surcos de agua en tu ombligo
la luna

15-Trébol de agua.

Trébol de agua
el sonido de la sangre
se ahueca en la mirada del viento

16-Vendaval de sangre

Por el camino hueco que todas las tardes
deja la brisa en el horizonte
un vendaval de sangre sepultó
en el útero de la noche
la luz

17-Los latidos del viento

Caracol perdido en los latidos del viento
en su lentitud el tiempo no tiene prisa
y en el pulso del agua
la luz de la luna tritura las sombras
cuando por el sendero
la noche lo arropa en sus sábanas de terciopelo
y en el sueño
el silencio roba la claridad al día
para ponerla en sus ojos

Capítulo II

Un siglo de Ausencia.

18-Pensarte tan distante.

Pensarte tan distante
sentada en un trono de ámbar
mujer que habitas en mis sueños
equidistante de la ternura y la pasión
retenida entre las brumas del amanecer
diosa primaveral
enredadera luminosa que trepa por las paredes de mi voz
canto de amor
unicornio de cristal bajo las lunas de abril
estrella de azúcar derretida en la frente del horizonte
largo suspiro del mar que salpica de salitre las ciudades
atrapadas en la fantasía del neón
por sus calles de hastío
un fantasma herido por el tiempo
pregunta tu nombre a pálidos transeúntes
atrapados entre los espejos del olvido

19-Quimera Distante.

Corres desnuda por los pasillos de mi alma
hasta las imaginarias habitaciones del placer
en donde te quedas para siempre en mi voz
mi voz que construye para ti un mundo de fantasía
           flor de los Andes
ángel de tentación
mujer que traspasa el tiempo y la distancia
y se pierde entre las luces de la gran ciudad
buscando entre los túneles de la noche
el camino de regreso al mundo real


20-Espejismo de Luna Llena.

En mi voz
tus senos resplandecen como el agua
bajo la luz de la luna
dos alas crecen en tu espalda
la noche es una flor que en tu piel renueva sus pétalos minerales
y en la vaguedad infinita de tus ojos
el mar pinta de pájaros azulmarinos el horizonte
temblor del viento detrás de los espejos de la alborada
libélula de cristal atrapada en los contornos luminosos de tus fantasías
y en la voz del deseo
dos tatuajes de sal se desnudan a la pasión
templos de leche
colinas de nata
pirámides de azúcar
amanece en tu mirada un sol ebrio de eternidad
y la luz
como un ángel de cristal líquido
danza en los límites de tu desnudez y se aleja
y junto a un camino de estrellas
en su génesis de humedad
el rocío se desvanece
y entre tus piernas
en noches de olvido y hastío
el fuego consume sueños y placeres
tentación de lo infinito es el pecado de amar lo prohibido
hondura de la nada es la distancia
que naufraga en la pesadumbre de no tenerte
canto de sirena
tibios pezones de miel
tu desnudez
ondula en mis recuerdos
como un espejismo de luna llena

21-Vestida de luna

Hace tiempo la sueño
vestida de luna en su desnudez
dejando sus huellas sobre las alfombras nocturnas del tiempo
alejándose para siempre entre las luces y las sombras
de una ciudad agrietada por el odio
hacia los antiguos suburbios de la nada

22-Pequeña criatura hija del milagro


Te recuerdo como eras entonces
tibio pedazo de azabache pulido por las manos maravillosas de Dios
taciturna y triste
como una muñeca dormida en las habitaciones tropicales del verano
atrapada entre los espejos de la nostalgia
tratando de escapar a la melancolía que te ata a tu origen
a tu estirpe imperial
a tu musical esencia caribeña
perdida entre los siglos de los siglos
en una isla del Caribe
naciste del fuego
una noche en que el viento bufaba entre los árboles
y estremecía la casa
y se alejaba airado más allá de las montañas
dejando a su paso el seco sonido de las campanas de la iglesia
que repicaron por cinco días corridos
y luego enmudecieron para siempre
pequeña criatura hija del milagro
las comadres ya olvidaron tu nombre
que las tamboras gritan en las noches de luna llena
en que bajo las ceibas florecidas de sueños y estrellas
en una danza amanece la  esperanza
ya tus huellas no se pierden por la playa
buscando duendecillos bajo las piedras húmedas
ni tu mirada a lo lejos
se inunda de peces y pájaros marinos
ni tu falda ondea su sensualidad por las calles del pueblo
bajo las sombras del medio día
te has ido lejos
a vivir entre las luces y la grandeza de una ciudad
que ata tu vida al olvido

23-Un siglo de ausencia.

Hay distancia en mi voz cuando te nombro
la soledad me aprisiona cuando te pienso
cuando te  busco entre las sombras de los recuerdos
cuando camino a tientas por la ciudad detrás de tus huellas
que se pierden por las calles entristecidas del otoño
que se abisma en las noches de luna clara
de luna redonda de ciguapas y duendes
que habitan entre  los espejos del tiempo
hay soledad  en mi voz cuando te pienso
cuando te imagino imposible en otros brazos
cuando  por más cerca que te tengo
estás a un siglo de ausencia



24-Nudo de lágrimas

Ya nadie podrá desatar el nudo de lágrimas
que me ata a ti
aquí estoy
perdido entre los oscuros espacios que deja tu recuerdo
en los resquicios de la nada
goteras de sal caen sobre las sábanas blancas del insomnio
y de luto se han ido vistiendo todos los árboles del camino
que lleva hasta mi casa
desnuda y triste la quimera danza en mi memoria hasta morir
pájaros de sombras anidan en los sonidos oxidados de mi voz
y hace siglos que los ojos de la ausencia lloran mi vida
sobre las grandes capitales del mundo
el humo de las chimeneas bosteza su veneno
es la luz
un espejo donde el horizonte se mira y envejece
y en las íntimas habitaciones del agua
una sirena llora desconsolada su eternidad
y desde la ventana principal de la alborada
alguien que no conozco me dice adiós

25-Árbol de sombras.

Hace tiempo te esperaba
llegaste dormida en la luz de un relámpago
arropada en los sueños
vestida de silencio
descalza sobre la transparencia de mi voz
dejando tus huellas entre mis ojos
que te tocan
que te desnudan
que te acarician el pubis
que trepan hasta la cúspide imaginaria del placer
que se ahondan hasta el orgasmo en tu sexo
mis ojos que tejen en tu piel un vestido de música y flores
donde la alborada es una luz
que se desgrana en los latidos de la pasión
tu piel que deja entre mis manos el dulce sonido de tu aroma
que se deshoja en la tentación de lo prohibido
tu cuerpo desnudo lo dibujo en el nocturno lienzo del insomnio
y pongo dos alas en tu espalda
cierro los ojos
y estás a mi lado
aunque hace tiempo te alejas
es allá
en los ignotos parajes de la ausencia
donde este amor como un árbol de sombras
germina
crece

Capítulo III

Hijos Póstumos del Rocío.


26-Alborada de Mariposas Azules.

1
No fui más que un niño que siempre anduvo perdido en sí mismo
en los conucos lejanos del abuelo Ismael
aprendí de la vida todo lo que sé hoy
fueron los potreros del tío Juan mi escuela
y en las lejanas regiones del rocío era donde podía mirarme al espejo
y encontrarme tal cual era
un niño hecho de barro y ceniza
con la mirada torva perdida en el infinito
que escribía todas las tardes en los pergaminos del viento
su historia envejecida en su dolor vegetal
II
fue toda mi alegría poder correr por el bosque
hasta cansarme y terminar de bruces
entre los arbustos mágicos de las tardes
hablar con los animales y los árboles
pasear en el viento más allá del horizonte
y regresar en las nubes al lugar de donde nunca partí
y encontrarme como siempre arrullado entre los brazos de mis padres
que me cubrían de la lluvia que con su corazón de azucena
iba dejando pedazos de cielo dormidos en mi piel
III
todas las tardes mi madre y yo
nos sentábamos bajo la sombra del gran árbol azul
a mirar como los pájaros ebrios de clorofila
se escondían detrás de las murallas del horizonte
mientras una peregrinación de mariposas
ancladas en los ventanales del ocaso
agonizaban en la mirada quimérica de un ángel
IV
hoy no hay más alegría que este canto bajo esta luna de jade
por el camino las huellas del rocío se evaporan
entre los pies descalzos de un sol precoz
que siempre en noviembre pasa de largo a esconderse
entre los matorrales atardecidos de la distancia
alborada de mariposas azules heridas por los puñales del otoño
todas las mañanas en el fogón
doña Lola hace té de jengibre que ofrece a los caminantes
para ahuyentar a los duendes del frío
y en algún lugar perdido en la memoria
Cató todavía fábrica con sus manos de ternura
los colores del amanecer
y en un rincón de mi alma
la abuela Mamá Tita recolecta los residuos perdidos de nuestro pasado
muchas veces ella y yo
imaginábamos escuchar en la voz destemplada del viento
el lejano sonido de nostálgicas tamboras
grito de guerra
canto de amor
danza que en las noches aún nos libera del peso de una historia amarga
que escribieron con su sangre nuestros abuelos
para que mi voz
quinientos años después
pudiera abrir las puertas que el tiempo creyó haber cerrado para siempre
V
nací en esta tierra que tiene el color del olor del topacio
donde los colores vegetales de la primavera se levantan como una ola
que inunda todos los rincones del bosque de mariposas
que al morir van dejando un rastro efímero de luz
en la mirada verdeazul de la distancia
VI
arco iris coagulado en una lágrima
por el camino real
el tío Alberto regresa de los pastos lejanos
parece flotar sobre la tenue oscuridad del atardecer
la tía Agustina en la ventana lo ve llegar
espera como siempre que él lleve las vacas a los corrales
se dé un baño
vaya a la ventana
le dé un beso
y luego se sienten todos en la mesa a cenar
VII
todavía en las noches
mi padre como un fantasma
se pierde entre las sombras hacia las carboneras
a vigilar los hornos
para que el fuego no consuma los sueños
y así poder derrotar el hambre que acecha
entre los resquicios de las horas más largas del verano
VIII
primavera insular
caserío perdido junto al bosque del olvido
flamboyán amarillo
anacahuita de cristal
bajo los limoncillos florecidos
la tía Tatín con su escoba
arrincona contra los espejos de la tarde
las cenizas que deja el otoño en la mirada de la tía Aurora
que aún busca en su interior el camino de regreso
al paraíso que nos robó la modernidad
ignora ella
que morirá arrinconada contra sus sueños
sin volver a ver el sol desde los ventanales primaverales del alba


27-Arbol sin Memoria.

I
Manuel
no fue más que un niño endeble y solitario
que tenía la piel del color del camino real
la mirada llena de pájaros azules
que picoteaban el alma de las ninfas del bosque
que defecaba flores en los huecos de las carboneras
qué hacía con sus manos escuálidas
que corría por los caminos grises del invierno
tratando de encontrar en los sueños
los parajes imposibles de la fantasía
su voz tierna como el canto de los ruiseñores
pintaba de mariposas las paredes de las tardes
y su desnudez la ondeaba el viento
más allá de los días lluviosos de mayo
en que la alegría sucumbía al hambre

II
a veces lo encontraba solitario en las lejanas regiones del rocío
navegando a la deriva en un océano
de celias tatuadas en el viento frío del amanecer
lo llamaba
volteaba el rostro
y me arropaba en el lienzo azul triste de su mirada
corría hacia mis brazos
y me abrazaba por largo rato
sentía como su piel afiebrada se derretía en mi piel
luego nos íbamos a los potreros del tío Alberto
atravesábamos los conucos del abuelo Ismael
jugábamos con el viento
hablamos con los pájaros
corríamos felices por las praderas infinitas del medio día
hasta terminar exhaustos bajo un árbol sin memoria
a veces en el azul más limpio de su inocencia se quedaba dormido
lo veía moverse inquieto
temblar
sonreír
cuando despertaba me contaba que había estado en un hermoso lugar
donde seres luminosos con alas en la espalda jugaban con él
que les decían
que pronto estaría con ellos
y que ya nunca más sentiría hambre
ni frío
ni soledad
III
Manuel
no tuvo más escuela que su corta vida
sus nueve años sin historia y sin ninguna procedencia
VI
hoy que lo encontré dormido en una carbonera
arropado en su soledad
acurrucado en la nada
me deslumbró su recuerdo
descalzo
semidesnudo
sonriendo siempre
con su tristeza a cuesta
solitario
buscando entre los cubículos del hambre
un poco de agua
una fruta de lastima
un pedazo de pan
V
en las noches cuando se le hacía tarde
le suplicaba que se quedara con nosotros
no aceptaba
me miraba con toda su ternura acumulada entre sus manos
y se despedía de mí con un abrazo de eternidad
y se alejaba entre las sombras hacia ninguna parte
me quedaba junto al camino
abrumado por una inexplicable sensación de soledad
hasta que él se desvanecía en la distancia
VI
con Manuel compartí la sed
el hambre
la pobreza
el frío
y la desnudez
y sobre todo la alegría infantil de correr
por los bosques memorables de la fantasía y los sueños
VII

Manuel
nunca me dijo donde vivía
cuando le preguntaba
me señalaba con insistencia un lugar perdido en su memoria infantil
el cual yo no vería
ni encontraría
porque ese lugar sólo existía en el secreto deseo que él tenía de tener un hogar
VIII

cuando le decía que quería ir a su casa
conocer a sus padres
me miraba azorado
y se alejaba huyendo
ondeando su desnudez en el viento
escurriéndose en los latidos del bosque
IX
ahora que Manuel está muerto
hemos buscado por todas partes su hogar
y sólo hemos encontrado bajo un gran árbol sin memoria
en una carbonera
un lecho de cenizas y flores
donde Manuel todas las noches en su soledad
moría de frío y ausencia

26-Enrique herido de ausencia.

Es aquí
prisionero de estas lágrimas
en que de tu ausencia gotean jazmines morados
sobre mi conciencia lastimada por tu partida
que ha roto mi alegría en mil pedazos
Enrique herido de distancia
pedazo de ternura que rueda por mi voz y se hace llanto
           sombra que aletea en mi memoria y se hace luz
cuando grito tu nombre
cuando te busco en las habitaciones del olvido
y sólo encuentro tristeza
sinsonte de cristal herido bajo la lluvia
relámpago súbito de flores que ilumina la noche
lirio roto junto al camino de la tarde
unicornio que cabalga solitario
por las praderas memorables de la eternidad
canto que duele en la mirada
ausencia que mina la alegría
que enlutece nuestras vidas
Es aquí
Enrique
donde luchamos contra el hastío
y hacemos de tu recuerdo
una bandera que ondeamos en nuestros corazones
contra el dolor

Poema dedicado a Enrique Acevedo.


27-Enrique

Enrique
quiero abrazarte tanto con este canto
darte tanto calor
tanta luz
que pueda transformar tu cadáver en una flor
y convertir este llanto eterno
en alegría perdurable

Poema dedicado a Enrique Acevedo.

30-Ola de sal
El tiempo se ha roto con tu partida
dejando un rastro de eternidad en mi voz
tu recuerdo a veces
levanta en mis ojos una ola de sal
que humedece de tristeza mi alegría
y todas las noches
la luz
va dejando espejos de luna
en las paredes de la alborada  
donde los niños
con los dedos tiznados de ternura  
escriben tu nombre
Miguel
A Miguel Ángel Acevedo

31-La muerte no tiene piedad.

Hermano
hace tanto tiempo que te fuiste
dejándonos prisioneros de la pena
atrapados en los cubículos del llanto
aturdidos en la incertidumbre de un dolor
que se hace inmenso en el tiempo
y nos persigue a través de lo túneles ambiguos de la sed
es que la muerte muchas veces se esconde debajo de la almohada
anida en los huecos temporales de los días y las noches
y nos atrapa desprevenidos al borde de la existencia
e implacable devora todas las cosas que amamos

A mi hermano Guaroa Acevedo, fallecido hace muchos años.



32-Ese hombre analfabeto y simple

Ese hombre analfabeto y simple
que nació un día después
cuando ya nadie lo esperaba
es mi padre
labriego empedernido
que descifró la nomenclatura silvestre del bosque
hijo de la noche y el rocío
enamorado eterno de la luna
jinete invisible
cazador de quimeras
guardián de los charcos sagrados
cimarrón herido por el tiempo
Fantasma que sobrevive al olvido en los brazos de una ciguapa
transeúnte solitario que deja sobre el asfalto
sus huellas de mar y salitre
centauro que se pierde más allá del paisaje horizontal de la imaginación
que recrea memorables batallas del hombre contra sus sueños.

A mi padre.

33-Hijos póstumos del rocío

Mis padres
hijos póstumos del rocío
crecieron bajo el sombrío reflejo
del relámpago y la lluvia
cuando el trueno iluminaba de misterios
los ignotos rincones de los recuerdos
que se perdieron entre la sangre y las flores
de una primavera truncada por el peso
de las cadenas y los arcabuces
allá
muy lejos en la memoria
una embarcación encalla entre los arrecifes
de la sangre
y bajo el resplandor de una luna de cal
melancólicas tamboras  atan mi vida
a la nostalgia
es aquí donde mis padres
un hombre
y una mujer
ignorados leñadores
perdidos en el confín del monte
diseñaron este traje de carne y hueso
que he llevado puesto por tanto tiempo

A mis padres.


34-Anaqueles del alma

Mis padres en un éxodo interminable
poblaron las lluviosas regiones del sur
de ellos conservo en los anaqueles de mi alma
las cadenas que ataron su origen a un destino incierto
los recuerdo en las tardes mirando el horizonte
buscando entre las sombras
el sonido de alguna tambora lejana
nunca fueron felices
toda mi alegría es la tristeza que de ellos heredé
y en algún rincón de mi alma
la abuela mamá tita todavía recolecta
los residuos perdidos de su pasado
la lluvia como siempre
va dejando huellas de sal sobre las paredes del silencio
que teje mantos de sombras con los que se arropa la soledad
y aprisiona en las claras habitaciones del agua
la alegría de ese niño
que detrás de los espejos de mis ojos
no deja de llorar

A mis padres.

35-Mis padres
I
Mis padres
habitantes de las noches más lejanas del olvido
inquilinos del rocío
hijos de la pena
náufragos del hambre
II
Mis padres
alegres tamboreros del alba
que tejen con sus manos tiernas los colores vegetales del bosque
anónimos cazadores de sueños
que hacen surcos de amor en el viento en donde siembran la vida
III
Mis padres
peregrinos de la sed hundiéndose en la lluvia
temblorosas sus huellas
se deshojan en la piel arrugada del camino amarillo del otoño
sus voces cuajadas de silencio tienen profundas raíces de ausencia
y entre sus ojos
el sol del crepúsculo estalla en la sed
del dolor ancestral del desarraigo
pesa tanto la sangre en el recuerdo
que deja en la mirada por siempre
una pena escondida
IV
hijos de un dolor lejano
mis padres
cargan sobre sus hombros el peso de una historia antigua y amarga
de barcos de sangre naufragando en los sueños
perforados por los disparos de los arcabuces
que en el génesis del aire
sembraron de cadáveres la primavera
salpicando de sangre los espejos del tiempo
V
Mis padres
ángeles de ternura que habitan en los fantásticos parajes del aire
donde siembran esperanzas en las claras llanuras del rocío
en donde el amor estalla entre las manos del viento
y en donde la vida
a pesar de todo
germina en el canto de los labradores

Capítulo IV

El Sonido Lapidario de la Sangre.


36-Escenario de sangre.

Escenario de sangre
pasos apresurados en la espesura de la noche
tratando de alcanzar la apacible lejanía
de los días perdidos  del verano
niños que deambulan entre los escombros de la soledad y el hambre
ángeles vestidos con los hilos del llanto
multitud de ojos heridos por la guerra
niña que huye entre las bombas hacia los inútiles brazos de la muerte
milicianos atrapados en un laberinto de sueños
por el sonido incesante de las ametralladoras
cuerpos decapitados
hedor de cadáveres rindiendo su último tributo al sol
madres enlutecidas buscando entre la ciudad destruida
trozos de olvido


Dedicado desde lo más profundo de mi corazón a los refugiados sirios, por ellos nadie llora y el mundo calla su dolor.


37-Intifada

Muy temprano
antes
muy antes
que las campanas de templo
llenen de mariposas las mañanas
los niños
con sus sueños debajo del brazo
se visten de milicianos
y corren hacia el futuro
temprano de la muerte
ondeando felices
la bandera multicolor
de la esperanza

Al pueblo Palestino

38-Made in Israel
un misil que debió estallar en Gaza
atravesó mi corazón
y se estrelló en el lado oscuro de mi memoria
donde un niño Palestino
jugaba con la luz de la alborada
cada pedacito de su cuerpo destrozado
salpica de sangre
la conciencia de un mundo
que indiferente ve pasar su funeral
    Al pueblo Palestino.

39-Aspas de sombras

Abatida por la metralla
la noche se eterniza en la mirada
ausente de la muerte
campanarios heridos por el silencio oxidado
del invierno
carne desnuda en su púrpura inocencia
temblor y congoja en la selva
grito desolado
flores incineradas
aspas de sombras  
llora la sangre en alas de la eternidad  
voz quebrada de quijote
muerte que da vida a la vida
vida que no termina con la muerte
cadáveres sonámbulos girando
alrededor de la alborada
y más allá de los sueños
la esperanza aún retoña
en el acrisolado destello del rocío

A la memoria Raúl Reyes, comandante negociador de las Farc,


40-Canto por la paz.


Multitud de sueños en la voz del viento
banderas multicolores en la mirada de sol
voces de amor arrullan el sueño de los niños
que en Afganistán o Colombia
en Irak o Somalia
en Palestina o Etiopía
son heridos en su inocencia por la guerra
huellas de esperanza
se alejan de los oscuros laberintos del odio
hacia las amplias planicies iluminadas del amor
en donde la humanidad
en un canto solidario por la paz
se abraza

41-Un Sendero de Cruces.
I

Hoy
que la muerte uniformada
acecha escondida
tras el velo transparente
del odio

II

Hoy
que mil fusiles iracundos
han cercado la aurora

III

Hoy
que la metralla repartida
muerde la carne
inocente del día

IV

Hoy
que la sangre muda
salpica las estrellas

V

Hoy
un sendero de cruces
atraviesa el horizonte


Dedicado a: José Vásquez Castro (Joselito)

42-El Sonido Lapidario de la Sangre.

voy danzando en la voz del viento
más allá de la transparencia de los días por venir
hasta la unánime presencia del ocaso
donde el sol curva el agua en lumínicos destellos
donde un oleaje de sombras lo cubre todo
donde los árboles azules de la fantasía
echan raíces en los escombros perfumados de la noche
y donde el olor de las azucenas recorre los caminos sin fin del olvido
II
Voy cantando en la voz del viento
más allá de los corredores interminables de la sangre
donde los espejos repiten la imagen mutilada de mi estirpe
donde hay lirios de agua destrozados en los balcones de la alborada
donde cuelga del viento un ramillete de pájaros fantásticos
por donde unicornios de jade recorren los valles submarinos de la memoria
hasta alcanzar la luna que amanece en los ojos de la quimera
III
Escuchen
Hay una profunda herida en mi voz
           en la conciencia de la humanidad
retumba el sonido lapidario de la sangre


Dedicado al periodista José Silvestre, asesinado hace unos años en la Rep. Dom.


43-Sinfonía de guerra.

Río de sal en el rostro de un horizonte de azufre
sangre de unicornios sobre la primavera que enero marchita
voz quebrada por el hacha homicida del verdugo
tarde de cenizas que el viento diluye a lo lejos
pergaminos rotos de una historia inconclusa
Sinfonía de guerra
canto de amor y entrega
donde la eternidad es una flor que brota de cuatro  pechos
ensangrentados en su heroísmo
y allí
solos
en medio de la nada
y sin ninguna posibilidad de romper el cerco
no les quedó más que morir
aferrados a sus sueños

Dedicada a los mártires del 12 de enero.


44-Amaury.

           el viento lleva en su voz
más allá de un ocaso de sangre
el nombre de Amaury
donde las sombras sucumben a  la  luz de una estrella
que en su frente eterniza sus sueños
en el crepúsculo más puro de su breve vida

Dedicado a Amaury Germán Aristy


45-Háblame de la pobreza marginal

Háblame de la pobreza marginal de los habitantes del Ozama
de la tuberculosis de los niños
abandonados frente al parque Independencia
de las prostitutas
ya no sólo de la bolita del mundo
sino de las que están diseminadas por toda la ciudad
de los labriegos tísicos del sur
 háblame de los niños atrapados por el hambre en los semáforos
de los mendigos de la ciudad colonial
de los ebrios del conde y sus alrededores
de los bebedores empedernidos de triculí del parque Enriquillo
de los pequeñines que huelen cemento en la Duarte con París
de los fantasmas que rondan la catedral
háblame de los travestis
que la lluvia petrificó detrás de los espejos del aire
háblame de los malditos apagones
dime porque hoy los pobres
siguen muriendo en los hospitales públicos
por falta de medicamentos y atenciones médicas
háblame de los desnacionalizados
del crimen ecológico de la Barrick Gold en Cotuí
dime qué pasará con Loma Miranda
con tu sueño de construir la carretera Cibao-sur por donde no se debe
háblame de las plantas a carbón de Punta Catalina en Baní
de las sobrevaluaciones
y la contaminación
de Odebrecht y los tucanos
háblame de la reelección y la modificación a la constitución  
háblame de los corrupto de tu gobierno
de la impunidad
de la buena vida que se dan con el dinero que le han robada al pueblo
háblame de los jóvenes atrapados en los callejones de los barrios pobres
por las redes infinitas del hambre y la pobreza
que teje con ellos
la densa telaraña del narcotráfico y la delincuencia
que alimenta los vicios de una sociedad envilecida por el consumo
en donde sin oportunidades vivimos todos atrapados
por las redes de un poder corrupto

         46-El barrio.


El barrio
la casa
la ventana siempre abierta
la puerta siempre cerrada
el cuadro en la pared
el gato
una cucaracha en la cocina
la estufa apagada
los platos sucios
la T.V.
la P.C.
el calor insoportable
los apagones
los niños que juegan en la calle
el coro de la esquina
el pleito de la vecina contra su marido borrachón
la banca de Claudio
el colmado de Manuel
la barbería de José
la iglesia de la esquina
la vieja pendenciera
el narcotraficante de poca monta que en el callejón de los cuernos
espera comprador
los jóvenes con el cerebro fundidos por los pericos
la niña coqueta que sueña en brazos de la quimera
Pirito el maricón
María la más puta
el olor pestilente de las aguas cloacales
los disparos
el corre corre
qué pasó
nada
un pleito entre tigueres
mataron a Martín la navaja
y de nuevo el barrio
la pobreza
el hacinamiento
la desesperanza
los policías corruptos en su moto DT
el microtráfico
el peaje
el pillaje
el desasosiego
la inquietud
el estrés
la paz que no llega
la maldita paz
en fin
el barrio es la suma de ilusiones
que mueren en el día a día


47-Espectadores del alba.

Me abruma la terca agonía
de los indigentes de la zona colonial
residentes permanentes de las sombras
efímeros inquilinos
de las frías madrugadas de enero
invisibles espectadores de la vida
que van dejando por donde pasan
el aroma inconfundible del hambre
pasajeros de un tren sin destino
son víctimas de una sociedad
que en grandes vasijas de plata
lava con sangre sus manos
ignorados transeúntes de calles heridas
por cinco mil años ausencia
cómplices de las prostitutas del conde peatonal
bohemios del rocío y el salitre
aventureros insomnes de la miseria
lunáticos mutantes de la desdicha
que en las madrugadas
           en la Duarte
frente al parque de las palomas
se desnudan y danzan hasta morir

Capítulo V

Metamorfosis del asombro.

48-Croa el sapo.

Crepita la luz
se arremolina
gira
y se escurre entre las copas de los árboles
dando paso a la oscuridad que apuñala
a un sol que agoniza dejando una aureola
de sangre en el horizonte
cansados labriegos regresan de sus faenas
la noche los viste de oscuridad y rocío
cantan los grillos
un lirio duerme junto al camino real
croa el sapo
vienen silbando viejas canciones aprendidas de sus abuelos
eco fosforescente de luciérnagas danzando en la noche
una lechuza prehistórica bate sus alas de plata
bajo la luz de una luna medieval
ruge el mar
con su lengua salobre lame el cielo estrellado del verano
hueco de luz
por donde se escapa la vida de los labriegos
arrinconados en sus miserables bohíos de tabla de palma y yagua
por el camino  
el viento siempre se aleja sin decir adiós
perdido entre las mariposas
que adornan el bosque
para luego regresar en la lluvia cargado de pájaros y flores
abril estalla con la dulce violencia de los colores
cicatrizan las viejas heridas
la vida se renueva
en un claro del bosque
un galipote y una ciguapa danzan alegres
cuelga de la voz del tiempo
el acompasado eco de una tambora que todas las noches en los manieles
alegra las vidas de los negros cimarrones


49-Detrás del bohío

Todas las mañanas
esas huellas de sangre encontradas en el camino
evidencian
que detrás del bohío´
más allá del jagüey y la mata de alquitira
entre las bayahondas y las guasábaras
todas las tardes
un ángel juega a las escondidas con la noche


50-Llora el cielo.

Ahí va un funeral
La luz lleva sobre sus hombros un ataúd
llora el cielo
una hilera de madres petrificadas junto al camino
se tapan el rostro con las manos
herida de ausencia la brisa congeló en su vientre
el vuelo mineral de los sinsontes
sonámbulos los árboles dicen adiós a nadie
en la distancia
los Ángeles danzan con las sombras
y un galopar incesante de trompetas
ilumina las habitaciones efímeras
que el tiempo deja en el aire al pasar

51-Alegoría del llanto.

Atributo de sangre
alegoría del llanto
eco de voces enfermas
fugaz destello de mariposas en el preámbulo de la noche
fauno atrapado en la imaginación de un niño moribundo
cuerno de minotauro vencido por la ausencia
ciguapa embarazada por el último
 galipote que habita a la sombra del olvido
galope sombrío de unicornios en las infinitas praderas de la utopía
caracol prisionero en su lentitud de querer alcanzar las estrellas
éxodo de centauros que sobrevivieron a la última batalla
que libraron contra los hombres
hacia los antiguos suburbios del crepúsculo
y sobre la ciudad corroída por el odio y la violencia
un ángel llora desconsolado por una humanidad derrotada en su egoísmo



52-Sirenas de Sal.

Malecón de eternidad que el mármol salobre de las olas oxida
mar perdido en el horizonte nebuloso de la historia
puertos abandonados en los hangares del olvido
barcos hundidos en un archipiélago de sangre
sirenas de sal
piratas tuertos del corazón
fantasmas devorados por el tiempo
látigo de azúcar en la espalda mutilada del futuro
murallas de arena
ciudad atrapada entre las luces y la nostalgia
siluetas aprisionadas en la telaraña de sus miedos
edificios de humo
calles que se pierden en los oscuros laberintos de las noches
y más allá de los sueños tres puertas siempre abiertas


Metamorfosis del asombro

Nació en primavera
de la metamorfosis del asombro
en las profundidades del río
entre algas y manatíes
cuando la luna nueva
improvisaba alboradas en el génesis efímero de la distancia
acuoso espejismo del bosque
destello sublime de la imaginación
danzarina solitaria que todas las noches bajo las ceibas se esfuma


53-Membranas mohosas

La lluvia ha dejado un olor tembloroso
de membranas mohosas en la tarde
de hojas disueltas en el viento
de pasos de ciguapas ahondándose
en la espesura del monte
de soles apagándose
en los brazos lejanos de la noche
de lunas cuajadas en el silencio húmedo del aire
donde flamean los sueños
en la voz herida del agua




55-Árbol azul

(pende un amuleto de ojo de cíclope tuerto
del cuello de la profecía)

Nací bajo la sombra de un gran árbol azul
camino de sombras
carbonera tibia
bohío de tierra
piel de ceniza
voz de rocío
sol herido por un horizonte de cuervos cuajados de sangre
luna de jade en la mirada de la quimera
peregrinación de pájaros anclados en los ventanales del ocaso
flamboyán amarillo perdido en el bosque de la fantasía
tierra color del aroma del topacio
pradera de mariposas amarillas esperando el amanecer
lágrimas coaguladas en las mejillas de los últimos días de noviembre
profetas suicidándose con los cuchillos de la profecía
bajo una anacahuita de cristal sin edad
manos inútiles sacan del vientre de una virgen
el cadáver de un ángel taciturno
y en el útero anónimo de una madre
un lirio amanece


56-Torbellino de Sombras.

Piedra resplandeciente
girasol solitario
eco de lágrimas roto por la ausencia
espada vencida por la gloria
torbellino de sombras
relámpago mineral
barco de hielo
derritiéndose en un horizonte de fuego
boca llena de una luz vegetal
lágrimas de cera
sonido de tamboras en la voz del viento
trapiche desolado
cañaveral herido por un sonido de cadenas rotas
danza victoriosa
océano púrpura
litoral de cenizas
y detrás de los espejos de humo
del verano
sonámbulos cadáveres se desnudan
en la media noche y hacen el amor
a las estatuas del parque mirador
y más allá
del resplandor amarillo de las olas
que iluminan el amanecer
el alba tiende sus sábanas rosadas
sobre un cielo tapizado de mariposas






57-La vieja Belén

Este domingo de tristes soles escondiéndose
bajo las piedras amarillas del camino
la lluvia trajo en su vientre
el olor sombrío del musgo que crece entre las grietas
de mis palabras
bosque de almácigos y ceibas
anacahuita de cristal
galope de pájaros fosforescentes en la noche
aviadores imposibles haciendo piruetas
en un cielo crispado de ángeles
y por entre las espinas y las luces
de enero
Isabel
la mamá de Antonio
encarna a la vieja Belén




58-Areito fúnebre

ojos repletos de eternidad
anacahuita perenne que crece en los límites de mi voz
flamboyanes que esconden bajo sus sombras la quimera
flor sagrada de la yuca
guayiga que conjura el hambre de los días eternos en la manigua
guaraguao prisionero en el viento gris del invierno
behique que deambula dando tumbos en las noches efímeras de las profecías
indígenas que habitan con los Manatíes
en las grutas submarinas del río Maguaca
areito fúnebre
galipote que protege la tumba donde descansa preñada de sueños Anacaona
Lirio de agua dormido junto al camino de la tarde
galopar incesante de guerreros en la llanura del tiempo
camino
sangre
cadenas rotas
trapiche incinerado por la ira
maniel de esperanzas
tambora que llora todas las noches bajo las ceibas
marimba herida por el olvido
ciguapa que huye en el lomo de un unicornio de su destino
sus huellas ambiguas en el césped no van a ninguna parte

Capítulo VI

Pergaminos de Lágrimas.

59-Barcos Negreros.

En su itinerario de horror
barcos negreros vomitan cadáveres en una mar de topacio
anidan en el viento voces quebradas por el látigo
trapiche oxidado por un dolor ancestral
areito fúnebre
batey desolado
aluvión sangriento
sudor que al tocar la tierra se convierte en sangre
miradas de sal derretidas por el sol
cadenas que atan la quimera al canto de las luciérnagas
fantasmas que todas las noches lloran
junto al caminos de luto y gloria
cruces clavadas en el útero de la inocencia
corazas plateadas en donde se enseñorea la muerte
jadeos
ojos azorados
cuerpos desnudos y sudorosos
pies descalzos alejándose presurosos
hacia la espesura del tiempo
pechos reventados por un rayo carnívoro
grito diluido en la memoria de una raza que se extinguió en su heroísmo
llora el tiempo en el pecho de la noche que el viento enlutece
isla perdida en la ruta del sol
antigua y ambigua
ubicada en un cateto de azúcar y sangre
puerta de jade por donde penetraron los caballos apocalípticos
a perforar con sus arcabuces la tierna inocencia de los taínos



60-TRAMPA ANCESTRAL

Pedazos de luna derritiendo entre los espejos de las madrugadas
espada vencida por la gloria
relámpago anfibio
torbellino de luz
tres naves carnívoras navegando entre la bruma de agosto
hacia las luces y las sombras de octubre
boca llena de una luz mineral
sonidos de tamboras en la voz destemplada del viento
trapiche desolado
cañaveral ensangrentado por un sonido de cadenas rotas
danza victoriosa
litoral de cenizas
trampa ancestral
lágrimas de cera en los ojos de la quimera
y más allá del resplandor amarillo de las olas que iluminan el amanecer
cadáveres mutilados chorrean sangre sobre los pergaminos de la historia
y junto al camino del ocaso
un lirio resplandece


61-HOGUERAS DE SANGRE

Largos caminos de viento y de sal
naos repletas de voces
que se ahogan en la noche
rastro infinito de cadáveres en el mar
raíces sembradas en el viento
miradas aplastadas
bajo los escombros rojizos de la tarde
huellas congeladas en la memoria
hogueras de sangre iluminan en el cielo
pasos que se pierden en un siglo
de luces y sombras
trapiches olvidados junto al sendero
de un trópico lejano
tamboras
maracas
danza
sudor
rotas las caderas
no puede el látigo
huérfano de toda humanidad
acallar el canto
que brota del cañaveral.

62-PERGAMINO DE LÁGRIMAS

Mi voz dibuja en un pergamino de lágrimas
un lejano horizonte de caña y sangre
en donde el tiempo acumula
en un rincón de mi alma
voces quebradas por el látigo
homicida del amo

63-Un negro llamado Lemba.

Hombres que emergen del mar
con las miradas enfermas de codicia y sangre
levantando entre sus manos un estandarte de luto
tainos petrificados en el ámbar de la tarde
dos razas heridas en su inocencia
por la espada y la cruz
rastros de sal y sangre que se bifurca en el tiempo
que se pierde en el follaje de la tarde
pergaminos de lágrimas que humedecen los sentidos
tamboras que repican en las noches claras del adviento
y por el camino ensombrecido del medio día
jinetes acorazados van tras las huellas
de un negro llamado Lemba

64-Los Charrúas.


Cuando en su redondez la luna descienda tras las montañas
y se pose en tu mirada
nosotros los Charrúas
regresaremos de la sangre
a poblar con nuestro heroísmo el olvido
a rescatar del exterminio
 los sueños perdidos aquel 11 de abril de 1831
y reivindicar con la sangre de los  malditos
en yacaré Cururú
el honor Charrúa
regresaremos en el viento a poblar nuevamente las regiones del río Hum
bajaremos de la  cuchilla de Haedo
recorreremos la Patagonia  
y en silencio
nos  perderemos para siempre en lo tupido del bosque
para renacer cada día
en los sueños de quienes quieren ser como nosotros
tenaces
e indomables


65-Guerreros invencibles del Aconcagua.

Esta noche
solitarios guerreros danzan en los pergaminos del tiempo
alrededor de una luna de plata
parecen mariposas danzando en el viento
tratando de alcanzar un sueño
una luz perdida en los lejanos suburbios de la alborada
fantasmas que recorren los Andes
atravesando senderos amazónicos
buscando entre los residuos de la historia
los restos incinerados de la utopía
encendiendo hogueras apagadas por el llanto
para que nuevamente iluminen de esperanza
las aldeas remotas de los Mapuches
hechos de amor y ternura
de un sentimiento tan profundo
que los ata por siempre a la tierra
por la viven y mueren
guerreros invencibles del Aconcagua
hechos de barro y agua
habitantes de más allá del río Maule
araucanos bravíos
eternizándose en el tiempo
raza que emigra desde el dolor y el sacrificio a la gloria
hoy por un sendero de sangre que viene del pasado
un centauro herido se aleja a morir en mi voz

Capítulo VI

Luna de Papel. (Haikus)

66-En el viento
suspendido un cuervo
es horizonte

 67-Un ibis rojo
sereno en la brisa
abre sus alas

68-Está nublado
amenaza con llover
huyen las aves

69-Sobre los Andes
sombras sangre y luto
un cóndor pasa

70-Un árbol quieto
un pájaro que vuela
un sol que muere

71-En el viento
el quetzal se esfumó
un hueco queda

72-Pájaro bobo
en el verde bosque
pájaro tonto

73-Cielo nublado
golondrinas fugaces
camino mojado

74 Temblor de alas
sobre el mar sereno
una gaviota

75-Sobre la rama
los ruiseñores cantan
es primavera

76-Cantan los gallos
el sol en la distancia
huyen las sombras

77- Sobre la nieve
hacen pininos
tres pequeños pingüinos

78-Luz matutina
claroscuro sendero
un oso panda

79-Está lloviendo
relámpagos y truenos
tiembla el bosque

80-Toro salvaje
torero despiadado
olor a sangre

82-Desde un árbol
desde la rama más alta
un mono blanco

83-Splash un sapo cae
en la fuente serena
una flor de loto

84-Un mono huye
la manada lo sigue
cae la noche

85-Bang un disparo
los búfalos escapan
una presa cae

86-Largo sendero
despacio un caracol
el horizonte

87-Luna de papel
claras noches del sur
distante un farol

88-Ya es invierno
con su vestido blanco
danza la noche

89-El sol bosteza
amenaza con llover
un arco iris

90-Anacaona
hermosa flor del batey
símbolo taino

91-Ahí las pléyades
en las noches serena
collar de perlas

92-Homo sapiens
imperfectos y crueles
negaron a Dios

93-Largos cabellos
con los pies para atrás
una ciguapa

94-Leves siluetas
olor a clorofila
verde el bosque

95-Luna de cobre
se agrieta la noche
cantan los grillos






Capítulo VII

Bajo el gran Árbol de la Noche.







96-Mi origen.

La tarde recrea ante mis ojos la nostalgia de mi origen perdido en África.

La   tristeza de estos largos años de exilio en que hemos perdido nuestra identidad hace florecer entre mis ojos lirios de agua.

La pena acumulada durante estos siglos de huir a ningún lado golpea mi memoria como un látigo de sal que abre viejas heridas que vuelven a sangrar bajo el sol púrpura de nuestro ocaso. Tantos años de olvido han dejando en mi boca el agrio sabor de la ausencia

África sigue siendo   en mi corazón la ilusión más dulce, sé que ya no volveré al acrisolado mundo de mis sueños; me he resignado a morir en esta tierra tan ajena y tan mía, pero mi vida sigue allá, en la aldea de donde una noche mi ADN sin querer, empezó a viajar en un cuerpo desconocido hacia una isla perdida en el mar Caribe.

Quinientos años después, la mirada triste de la abuela Mamá Tita, me despierta en medio del estruendo de los arcabuces y los gritos de los hombres que defendían a los suyos, hasta terminar atados a la codicia de unos hombres que contra el reflejo de la aldea incendiada los conducían por un sendero de horror hasta una embarcación anclada en un océano de cadáveres, emprendiendo un viaje sin retorno hacia el dolor.

Yo apenas era menos que un sentimiento perdido en la memoria de alguien que aún no había nacido, pero ya llevaba sobre mis hombros el peso de una historia de látigo y sudor, donde la vida nunca dejó de ser un canto que en las noches, se multiplicaba en la voz alegre de las tamboras.

97-Hoy que Guancho no está.

Guancho fue uno de los pocos seres humanos con las que compartí retazos de mi vida, no fuimos niños de escuela. Nuestra infancia estaba diseminada por todo el monte, entre los conucos y los potreros, entre la maleza y los árboles perdidos bajo el sol ondulante de la primavera, entre los maizales dorados de mayo y los pastos de la tierra encantada donde el tío Juan y el tío Alberto, peregrinos del alba, apacentaban sus vacas.

Nuestra infancia todos los días se perdía por los infinitos senderos que recorríamos descalzos detrás de la quimera, ensimismados en las historias que nos contaban los abuelos, que prisioneros de una gloria ya perdida en el ocaso de sus vidas, todavía viven atrapados en sus sueños.

Hoy que guancho no está, lo recuerdo porque él siempre quiso estar a mi lado, compartir mi soledad y mi tristeza, esa tristeza que él nunca entendió y que me acompañaría por el resto de mi vida.

Recuerdo que recorrer el monte era nuestra única obsesión, trepar por  los árboles hasta alcanzar las nubes, hacernos invisibles entre las hojas y el viento y perseguir a los viajeros  hasta más allá de los límites de nuestras tierras, jugar con las mariposas y los pájaros y después de perseguir inútilmente a los fantasmas de nuestros abuelos por los infinitos senderos de la fantasía, tendernos boca arriba sobre el pasto a soñar con la felicidad, que la abuela Mamá tita nos decía que estaba más allá del horizonte y que nunca, por más que buscamos entre  la fantasía y los sueños la  pudimos encontrar para regresarla a la aldea.



98-Ahora recuerdo a la abuela Mamá tita.

Ahora recuerdo a la abuela Mamá tita, haciendo chola de guayiga, para mitigar el hambre de toda la vida, atrás ha quedado la primavera, el verano se adueñó de todo el paisaje. Julio está lleno de malos presagios, hasta las gallinas han muertos en esta terrible sequía.

Cada año que pasa el sol desata su ira con más fuerza sobre el bosque, sólo las hormigas han sobrevivido a la inclemencia del tiempo, los ancianos dormitan debajo de una mata de mango, tratando de escapar del sopor del medio día.

La brisa caliente se desenreda entre los arbustos achicharrados, levanta nubes de polvo en el patio, se arremolina, parece danzar y luego se aleja por el camino real,  más allá de los últimos bohíos del pueblo.






99-Bajo el gran árbol de la noche

Más allá de la miserable realidad de nuestra existencia, nuestra alegría permanece intacta bajo los escombros púrpuras de los amaneceres efímeros del invierno tropical.

Nuestra rebeldía nos llevó a ser felices en medio de tanto horror, nada nos detuvo, ni el peso de las cadenas, ni la pobreza, ni el hambre, ni la lluvia eternizándose en el camino, en las noches alrededor de la luna, en una danza olvidábamos nuestras penas, el ritmo de las tamboras y el calor de las hogueras nos emborrachaban de felicidad y nuestros cantos hacía florecer el maíz y multiplicaba los panes en las manos del hambre.

Bajo el gran árbol de la noche, florecido de constelaciones y estrellas, con fuego escribíamos nuestra historia en los pergaminos del tiempo, lo tristemente felices que éramos en  esa estación donde aún fluye la sangre en el inminente trayecto de la aurora, por donde todos los días, los fantasmas de Miche, Amantina, Bertilia,  Rafael, Julio y la abuela Mamá tita se alejan hacia la ciudad, dejando sobre el rocío, retazos del alma evaporándose con el sol de este amanecer que tejieron  entre mis ojos las manos analfabetas y tiernas de la tatarabuela, que se murió de ausencia en las habitaciones del verano, esperando ver como en noviembre en la luna llena  las planicies del sur se  llenan de unicornios.



100-Cuando el sol se acrisola en el horizonte

Ya son más de las cuatro de la tarde, el sol empieza a acrisolar el horizonte con sus rayos que se van atenuando con el paso de las horas vistiendo de colores las nubes que raudas se alejan, huyendo de las sombras.

Por el camino los labriegos regresan de sus conucos, sobre sus hombros cargan el peso amargo de la pobreza. La tierra con esta larga sequía es poco lo que da.

Regresan cansados con sus azadas al hombro, sus machetes en el cinto, con sus sombreros de paja, las camisas sudadas, los pantalones arremangados por debajo de las rodillas y los pies descalzos.

Julio es un mes árido donde el calor que se eterniza más allá de las noches, parece quemarlo todo, hasta los sueños.

Ya hace un rato que el tío Juan de la Rosa y el tío Alberto regresaron de más allá de las lejanas praderas del rocío, se alejaron tanto hacia el oeste buscando pastos que cruzaron las claras aguas de la cañada de Guajimía y llegaron a Manoguayabo, en donde el ganado comió hasta hartarse y después abrevó en las aguas del río Haina que se pierde entre la frondosidad de la arboleda hasta desembocar en el mar Caribe.

Son más de las siete de la noche imagino que ya el abuelo Ismael llegó a su casa, en el km7 de la carretera Sánchez, llevó a Julia donde pasa la noche, se dio un baño, cenó y luego como todas las noches se sentó bajo los limoncillos florecidos de sombras y estrellas, junto a Mimina, su esposa a ver como se alejan por la carretera Sánchez los pocos carros que pasan rumbo a Haina o San Cristóbal.

En la Esperilla, los hombres después de darse un baño y comer algo se van juntando poco a poco en la pulpería de Andrés Longo a tomarse un trago, escuchar canciones en la vellonera y contarse viejas historias repetidas y carcomidas por el tiempo en donde olvidan lo amargo de sus vidas.

Es extraño, pero Manuel hoy no ha dado señales de vida, no sé por dónde andará mi solitario amigo.

Hace un rato la tía Eufemia que venía de Manganagua, pasó por casa a saludar a mamá y siguió su camino hacia Borronoso, en donde vive con su familia.

Nosotros como es costumbre al caer la prima noche nos juntamos en el bohío de la abuela Mamá Tita, en él encontramos a Ninito que hace un rato llegó del     Palmar y mientras los adultos conversan en la enramada, nosotros correteamos por el patio, hacemos piruetas, danzamos y nos hacemos dueños de la noche y construimos con la inocencia,  los sueños que nos permitirán sobrevivir a la vorágine del hambre.



101-Por el otro lado del camino.

Amanece, en el cielo las estrellas se resisten a ceder su espacio al azul intenso del limbo que las va apagando con sus manos aterciopelada, el alba borda de colores el horizonte y el canto de los pájaros es un grito de alegría en el viento. Cantan los gallos y el rocío en el pasto semeja un rosario de pequeñas diademas que se derriten con los primeros rayos del sol.

Por el camino real, el olor a café se escurre en el viento más allá de los bohíos y los caminos se van llenando de pasos que se alejan hacia los conucos donde la esperanza florece en las batatas, los plátanos, la yuca, el maíz, los gandules, el maní congo, el cocombro y los demás rubros agrícolas que cultivamos en la Esperilla.

Por el otro lado del camino Mandinga se aleja con sus pasos cansados hacia donde los Dendenes, inquilinos de las noches y el rocío todavía dormitan en los amplios salones de los sueños, esperando que la aurora traiga consigo la luz de un nuevo día, mientras mi padre, solitario leñador se pierde entre las trochas invisibles del tiempo, hacia donde la esperanza se deshace entre las cenizas de los hornos vegetales que arden más allá del amanecer.

Ya amaneció, uno tropel de niños solitarios se alejan alegres por el camino, hacia la única escuela del pueblo, en donde un maestro, sin más herramientas que la ternura, intenta describir con palabras el mundo de más allá de la alborada, incrédulos los niños miran con lástima al maestro que hace garabatos en la nada, tratando de dibujar máquinas increíbles, que caminan solas, que vuelan y pueden navegar por los ríos y los mares.

¿Qué es el mar profesor?
-preguntan los niños a coro
-El mar, es una inmensa laguna que parece no tener fin, con peces de colores, calamares gigantes, delfines juguetones y ballenas migratorias que en las noches habitan en la luna.

¿Qué es un río profesor?
Es un largo camino de agua que lleva a ninguna parte y donde habitan los últimos indígenas que sobrevivieron a la crueldad de los conquistadores españoles.
Para los niños que han vivido toda su vida perdidos en su inocencia, todo lo que el maestro les dice no es más que una absurda tontería, para ellos su mundo se reduce a los conucos, los potreros y el bosque inmenso.

Más allá del sol que muere en el horizonte no hay más que árboles y pájaros fantásticos y animales gigantescos que se tragan de un solo bocado a las personas. Por eso nos está prohibido alejarnos más allá de los límites ancestrales del bosque.

Cuando los padres se dieron cuenta de que el maestro hablaba a los niños de esas absurdas tonterías, lo echaron del pueblo. él les dijo con pena, que todo intento por silenciar la verdad era inútil, no había remedio, no tenían a donde ir, ya era demasiado tarde, la modernidad se los tragaría irremediablemente.


102-Presentación. (biografía)

Nací en la Esperilla junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra
bajo el cielo parpadeante de un amanecer salpicado por el rocío del otoño
e impregnado por el olor reciente y vegetal de los hornos que ardían a fuego lento
más allá de los límites de la aurora
fueron las manos luminosas de Belén
las que con asombro me sacaron del vientre tibio y florecido de mi madre
las que lavaron mi piel recién hecha
las que me vistieron de ternura
y me depositaron junto a la hoguera anaranjada del amanecer
para que el frío de los inviernos remotos no salpicara de escarcha mi alma
para que mi piel siempre tibia no se derritiera en las noches
dejando un rastro invisible de mariposas muertas en la dermis arrugada del tiempo

Domingo acevedo.